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Dormir bien es fundamental, especialmente durante la infancia. Los niños deben dormir el tiempo adecuado ya que el crecimiento del sistema nervioso depende en un alto grado de la cantidad de horas y la calidad del sueño. Durante la primera hora de sueño el organismo produce el 70% de secreción total de la hormona de crecimiento (durante las siestas largas también ocurre secreción de la hormona) Mientras se duerme; el cuerpo se restaura y se realiza el proceso de fijación de una de las funciones más importantes del cerebro: la memoria, concentración y procesos de aprendizaje. Los bebés y niños que duermen de forma intranquila con múltiples despertares a lo largo de la noche están en desventaja con aquellos que consiguen hacerlo de manera corrida.

¿Cuáles son otras de las consecuencias de la falta de sueño en los niños?

Alteraciones en el comportamiento como:

Agresividad, irritabilidad, baja tolerancia a la frustración y alteraciones del estado emocional.

Problemas sistémicos como:

Obesidad, alteraciones del sistema inmune, enfermedades cardiovasculares, alteraciones del crecimiento y alteraciones en procesos fisiológicos relacionados con las funciones hormonales.

Cognitivos como:

Bajo rendimiento escolar, deserción, ausentismo, alteración de la memoria y del aprendizaje y TDA.

Sin embargo, el problema más preocupante es que se ha demostrado que el déficit de sueño durante los primeros 3 años de vida ya no es recuperable después. Existe un período crítico del desarrollo en el inicio de la infancia donde dormir poco es particularmente dañino para algunos aspectos de su evolución, incluso a pesar de que el  sueño se normalice más tarde. Un niño que a los 5 años no ha superado sus dificultades para dormir tiene muchas más probabilidades de padecer trastornos del sueño el resto de su vida.